lunes, 28 de enero de 2013

Sobre el ocio-enajenación o la enajenación-ocio (la pareja del verano)


El otro día, yendo a fare la spesa, me encontré con el Ocio. Bah, en realidad me lo crucé, iba caminando en sentido contrario al mío. No supe si saludarlo y quedarme con él, o simplemente hacerme la desentendida. Sucede que este señor me confunde: a veces no sé si entenderlo como un tiempo entre mis trabajos o entenderlo como una entidad en sí mismo.


De modo que, el otro día, a la vuelta de la spesa, decidí dar lugar a ciertas entrevistas con algunos vecinos de barrio. Y fue así como la señora de Gorilus, tanto como la señora Della Croce y los señores Schiavi, opinaron que el señor Ocio era un ser que estaba siempre de paso, y no era conveniente quedarse mucho tiempo con él. Muchísimo menos era conveniente el mirarlo a los ojos, ya que podría producir la aparición de enfermedades como el Zurdaje y Ganas de Cambiar el Mundo Tan Ordenado en el que Vivimos. 


Para ellos, el Sr. Ocio era pariente de las señoritas "arte" (la gemela malvada de la Señora Musa de Arte), Siesta, Televisión y Vacaciones. Pensé en discutir ese parentesco con los vecinos, y llegué a la conclusión de que el señor Ocio no tiene parientes reales, aunque actualmente está casado con una joven mucho menor que él, nacida en el período de la Revolución Industrial y llamada Enajenación.


Es entonces como la gente del barrio cada vez que aparece Ocio, lo ven junto a su esposa, no vaya a ser cosa de la moral y las buenas costumbres, caso contrario se suele escuchar el aclamado "qué barbaridá che".


A mí, personalmente, me gusta encontrarlo solito. Pero esto sucede mucho menos de lo que desearía ya que su esposa Enajenación hace todo lo posible por no dejarlo en paz. Eso sí, cuando estoy a solas con él, tenemos unas increíbles conversaciones de donde casi siempre surge el siguiente diálogo:


Maconda: Ocito querido, ¡tanto tiempo!
Ocio: no digas eso Maconda,que el tiempo soy yo, y me ofende que siempre te confundas y me tergiverses las pautas che.
M: disculpáme Ocito, es que hoy estuve hablando con Della Croce y Schiavi. Miráme cómo estoy, ¡miráme los pelos que me salieron!
O: hablaste con todos, menos con el Señor Barriga.
M: es que nunca lo encuentro a Barriga.
O: claro, porque siempre está conmigo teniendo charlas aburridísimas. Tenés que llamarme más seguido, que si me junto con vos y me militás un poquito, capaz que podemos volver al Edén todos juntos.





miércoles, 7 de marzo de 2012

Sobre el aprender

¿Por qué titulo esta nota "Sobre el aprender" sin mención a la palabra enseñar, cuando en general son dos categorías que van de la mano? Algunos me dirán que omití una parte de esta relación indiscutiblemente dialéctica, relación bien ilustrada por Bernstein:

"En idioma alemán la palabras "lernen" (aprender) y "lehren" (enseñar) derivan del mismo lugar y son casi la misma palabra. Y hay dialectos del alemán como el Yiddisch, en los que "lerner" significa "profesor". También existe una expresión dialectal en EEUU que dice: "I learn you, that I'll learn you". O sea que básicamente son palabras intercambiables. Cuando enseño aprendo y cuando aprendo enseño." Leonard Bernstein (1918-1990)

Estas dos acciones ameritan una buena discusión. Debemos plantearnos entonces si enseñar y aprender son la misma cosa, o si son categorías que en su relación inauguran una tercera palabra cuyo nombre sólo podremos pronunciar cuando hayamos vivido y pesado (como diría Rodolfo Kusch) esta díada como para lograr una síntesis de ambos conceptos.

Mi propia subjetividad me dicta que, al menos para mí, enseñar y aprender son la misma cosa; ya que, en mi proceso de síntesis, el resultado es que estoy aprendiendo todo el tiempo. Algunos preferirán seguir manteniendo esta idea dual. Pero podemos dar por seguro al menos dos cosas: que el enseñar y el aprender no existen divorciados, aparecen siempre juntos; y que no puede existir el aprender sin enseñar (del mismo modo en el que no existen los sujetos "apolíticos") ni mucho menos el enseñar sin haber aprendido.

Me concentro entonces sobre la acción de aprender. El Maestro Fontenla, comentando la anterior cita de Bernstein:

"Yo agrego que, en francés, el verbo "apprendre" significa "aprender" y también "enseñar"

Y, ya que estamos, digamos que en italiano, el verbo "imparare", viene del latín hablado, donde el prefijo "im" (in-) indica algo inclusivo, holístico; mientras que "-parare" es "procurar". En este punto venimos nosotros y tomamos todas estas acepciones como andamio (mientras que ellos pueden tomarnos como andamio también a nosotros) para abordar la semántica y las etimologías posibles de esta palabra en nuestra propia lengua. Decimos entonces que "aprender" guarda una asombrosa similitud con la palabra "aprehender". Muy común es escuchar en nosotros los docentes que "cuando el alumno aprendió, cuando el alumno completó el proceso de aprendizaje, es cuando pudo apropiarse de los contenidos" Y acá volvemos a la idea latina de "procurarme"

Como planteaba Vygotsky a propósito del desarrollo de los procesos psíquicos superiores, el aprendizaje no se da sin un contexto sociocultural. Estas citas que mencioné son sólo una ilustración de cómo cada cultura concibe el desarrollo. Cómo cada cultura nomina a sus cosas nos habla también de lo que cada cultura es.

Y no sé por qué, pero a la palabra "aprehender" la significo como "apropiación" en un sentido nefasto. Me interrogo entonces el por qué de esta asociación que me surge espontáneamente. Y finalmente recuerdo que hoy somos hablantes de español cuando antes éramos hablantes de quechua, guaraní o maya. La palabra "aprehender" es el resultado del proceso de aculturación más terrible y sangriento de la historia. Ése que hizo que hoy hablásemos un "español de segunda". Y necesito hacer justicia de alguna manera: así que toda esta nota fue para preguntar cómo se dice "aprender" en guaraní. Si de la relación dialéctica que se produce entre el enseñar y el aprender surge una nueva palabra que sintetice (o contemple) de modo holístico la cuestión, esa palabra tiene que existir en las lenguas de nuestros pueblos originarios; ya que la conexión con la naturaleza nuestros pueblos está puesta en juego en su habla. Lo que me interesa es entonces ese "entre". Y, por la naturaleza de las lenguas originarias, estoy segura de que aquellos pueblos tienen esa palabra justa que estoy buscando. ¡Necesito esa palabra! Necesito esa palabra porque también necesito encontrarlos a ellos. Porque necesito hacer justicia y poder decir "Habrán logrado dar muerte a poblaciones enteras de pueblos originarios, pero no lograron matar su cultura. Cultura que todavía vive y seguirá viviendo en estas tierras" ¿Alguien lo sabe? ¿alguien conoce esa palabra? ¡Gracias!

Sobre los caídos de la tabla

Algunos ítems del reglamento interno de una materia que estoy cursando:


-Llegada TARDE (después del inicio de la clase y antes de los 20 min.)= 1/2 AUSENTE
- Llegada después de los 20 minutos de la hora de la clase= AUSENTE
- Retirarse antes de finalizada la clase= AUSENTE


Trabajos Prácticos y entregas:


- 1 evaluación diaria desaprobada o no entregada: QUEDA LIBRE
- 1 TP no entregado hasta la 2da fecha de entrega: QUEDA LIBRE
- Más de 2 entregas sólo en 2da fecha de entrega: A EXÁMEN FINAL
- 2 TP desaprobados: QUEDA LIBRE
- 2 entregas sólo en 2da fecha + 1 TP desaprobado: QUEDA LIBRE





Sobre la mentira



La concepción que la mayoría de los mortales tenemos sobre la mentira, se basa en su condición de ser ajena a uno. Y, si bien sabemos que a veces las peores mentiras nacen bien adentro de uno mismo, en general nuestra primera reacción frente a la idea del mentir es patear la pelotita hacia otros lares.

Este inconsciente colectivo mentiroso, se expresa de mil maravillas en estos clichés de barrio: "ay, ¡¡pero qué barbaridá!!", o bien "¡cosa de no creer!". Clichés, por otra parte, que van generalmente acompañados de cara de consternación, estupefacción y... falsedad, es decir, más mentira.

Pero lo peor de este verbo es que ni bien se constituye el "yo miento", se teje una especie de magma devoradora en donde todo empieza a caer dentro de ese agujero negro. Digamos que está quién miente, y quien acepta ser mentido. Y en esta relación bien dialéctica nace LA mentira.

Por más que deseemos ser esos seres tan pensantes, sinceros y honestos... acá tenemos a Maconda en sesión con su psicóloga:


Maconda: me quedé sin cigarrillos, ¿no me convidás uno?

Psicóloga: sí, como no. Tomá (alcanza un atado de cigarrillos a Maconda)

M: (observando que dentro del atado quedan sólo dos cigarrillos) Pero no te queda casi ninguno...

P: nono, tengo más, no te hagas problema,

M: mmm, ¿tenés más? ¿seguro?

Psicóloga: ¿vos pensás que yo te miento?

Cortázar mix (DJ Pío)


El Señor Kim Ki-duc me contó que la lujuria lleva a la necesidad de posesión. Y como AMO a Julio Cortázar voy a robarle impunemente sus frases y voy a hacerlas mías.


Sobre la nostalgia del reino perdido o irte al cielo con tu perro:


"[...]Y no por el Edén, no tanto por el Edén en sí, sino solamente por dejar a la espalda los aviones a chorro (...), el despertar a campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a patadas en el culo (cuarenta años de fruncir el traste para que duela menos, pero lo mismo duele, lo mismo la punta del zapato entra cada vez un poco más, a cada patada desfonda un momentito más el pobre culo del cajero o del subteniente o del profesor de literatura o de la enfermera), y decíamos que el homo sapiens no busca la puerta para entrar en el reino milenario (aunque no estaría nada mal, nada mal realmente) sino solamente para poder cerrarla a su espalda y menear el culo como un perro contento sabiendo que el zapato de la puta vida se quedó atrás, reventándose contra la puerta cerrada, y que se puede ir aflojando con un suspiro el pobre botón del culo, enderezarse y empezar a caminar entre las florecitas del jardín y sentarse a mirar una nube nada más que cinco mil años, o veinte mil si es posible y si nadie se enoja y si hay una chance de quedarse en el jardín mirando las florecitas."


(Julio Cortázar, Rayuela, cap. 71, "Morelliana")




Instrucciones capitalistas para liberarse



- Hola, ¿cómo andás?, ¿todo bien?

Todo bien ¿vos?

- Todo bien
 (...)


Señora: ¿está cansada de vivir bajo esa frustrante retórica? ¿no soporta más hablar de cosas suaves y puntiagudas? ¿hace años que no grita al viento? ¿su último orgasmo fue en la navidad del '86? (...)

¡Tenemos la solución para usted! Le presentamos nuestra exclusiva colección de DVD's:


"Mamá Quiero Caca"






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Michael, de Michigan: "El curso MIWS ("Mommy, i want shit") ha cambiado mi vida. Ahora soy un infante, logré deshacerme de los protocolos sociales. Digamos que me metí el proto en el colo, ¡y ahora tengo la felicidad que siempre soñé!"

Susana de Flores: "La verdad es que el curso MQC salvó mi matrimonio. Ahora ya no nos preocupamos por tener sexo de callados cuando los chicos duermen, somos una familia liberal"

¡¡Llame YA!! Nuestras operadoras lo están esperando...

Si llama ahora incluiremos también un práctico ovillo del mejor hilo sisal, para que recuerde las viejas y ásperas ataduras que ha dejado atrás.

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Sobre el viajar de los cronopios (¡perdón Julio!)

Nuestro amigo Julito ya dijo cómo viajan los cronopios, los famas y las esperanzas. Y yo quisiera agregar un par de cosas. En realidad hay más de una clase de viaje en la vida de un cronopio. Y en la de los famas y las esperanzas, ni idea, porque no me sitúo allí.
Concentrémonos en el cronopio: cierto es que este ser arma las valijas el día antes para llevar sólo lo necesario (aunque después haya que sentarse arriba de ellas para que cierren), y luego olvidar el cepillo de dientes. El cronopio sueña feliz con el nuevo destino, y en su equipaje siempre encontramos mangueras de colores.
Pero cuando el cronopio viaja no a un nuevo destino, sino a un lugar conocido, lo invade la angustia. La ansiedad lo carcome entre puteadas color negro, y actividades que nada tienen que ver con los preparativos del viaje, no sea cosa de recordar que viajamos.
Es así como despilfarra su tiempo, no le saca las hojas al reloj-alcaucil, con el fin dejar lo inevitable para último momento. Se va en acicalar sus recuerdos, cae en un ataque de nostalgia y se acuerda del jamón que le faltaba a sus sándwiches de queso.
Desconsolado, llega a la terminal de ómnibus atropellando a todos porque pierde el micro. Y con cara de yo no fui, le extiende el boleto al chofer. Pobrecito.
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Minovio, "Deseo en calesita"