miércoles, 7 de marzo de 2012

El colectivo. La Escuela, la Milicia y la MIlitancia

Acabo de regresar a la comunidad platense en un colectivo de la empresa Flechabus que partió desde mi ciudad natal: Paraná, Entre Ríos. Lo que sucedió en ese viaje de ocho horas y media no tiene (como dije en el título) desperdicio. Hechos que me tienen todavía impactada porque hicieron interactuar a todos mis personajes. De modo que lo comparto con ustedes. Y voy a contarlo así, simplón: lineal y sin adornos. En un intento documental que de imparcial no tiene nada.

Me tomo la licencia de comentar que los que me conocen en intimidad, me saben medio "bruja". Y así fue como, al subir al micro, supe que algo iba a andar mal. Igualmente ni bien el bondi comenzó su marcha, me dispuse a dormir como la costumbre de un vehículo en movimiento me lo dicta, tal como mecedora de bebé (a pesar de escuchar los gritos y llantos de un niño que se paseaba por el pasillo pateando los asientos: un "pequeño demonio")

Fue así como en un determinado punto del recorrido, entre Santa Fé y Rosario, escucho entre sueños (y gritos del pequeño demonio) que el chofer se para en el pasillo y grita: "acaban de robarle el celular a una pasajera. La dueña tiene a su hija internada y lo necesita. Espero que aparezca en algún lado de este colectivo, porque sino de acá no se baja ninguno. Por favor, les pido su colaboración, no la compliquemos más, hagámosla corta: que aparezca ese celular"

Nadie dijo nada, no pasó más nada. Y yo continué mi sueño en donde el profesor de contrapunto me puteaba, sueño perfectamente entrelazado con los gritos del pequeño demonio. Sólo me quedé pensando que, tanto el color de la voz como el contenido de los dichos del chofer, me habían sonado idénticos a los de una maestra de escuela cualquiera. Ésa maestra que dice: "vamos, vamos, que confiese el que lo hizo, que apareca la cartuchera, sino TODOS SE QUEDAN SIN RECREO" Esta cosa de la presión social, ¿vio?

En fin, seguí durmiendo otro rato hasta que volví a despertarme... el colectivo había detenido su marcha y un nuevo sonido de autoridad alteraba mi sueño: "Atención señores, somos GENDARMERÍA NACIONAL. Nos informaron del robo de un celular. Hagámosla fácil: que aparezca el celular en algún lugar de este colectivo, sino vamos a tener que revisarlos a todos" Acto seguido, los gendarmes van hacia el fondo del colectivo (donde aparentemente estaba la víctima del robo) y revisan al compañero de asiento y a sus cercanos. Nada. Nos interpelan una vez más. Nada. "Bueno señores, por lo visto, POR LAS BUENAS NO APARECE (de nuevo la maestra de escuela), así que vamos a tener que revisarlos. Por favor tomen sus pertenencias personales y bajen de a uno del micro, que allí afuera vamos a revisarlos"

Aclaro lo siguiente para que puedan leer correctamente lo que voy a contarles luego: el robo había sucedido en el piso de arriba, donde se viaja en semicama (donde suele viajar la plebe, incluida yo con mi pasaje de descuento a estudiantes). En el piso de abajo, se viaja en coche cama (la burguesía, yo excluida por estudiante peroncha). Bueno, entonces en este punto, cuando el gendarme nos ordena bajar a todos, la gente que viajaba abajo, en coche cama, comienza la serie de quejas, amenazas e improperios tan propia del individualismo egoísta burgués: "que esto es un atropello. Que van a estar mil horas cacheando a todos. Que nos están haciendo perder el tiempo. Que MI tiempo vale (imaginen estas frases con la voz característica de los "Ricos y Mocosos" de "No hay dos sin tres"). Que llego tarde. Que soy abogado, que YO los voy a denunciar a ustedes. Etc." (...)

Y bueno, ahí salió la Ayelén militante. Me jodió tanto escuchar esos actos de profundo individualismo que me paré en el pasillo y dije bien fuerte: "che, seamos un poco SOLIDARIOS. Que si a ustedes les hubieran robado, también les gustaría que los ayuden a encontrar lo que les falta. ¡Colaboremos un poco y bajemos sin hacer lío! Yo también llego tarde (tenía la primera alumna 8:30am y estaba jugadísima), pero estas cosas pasan..." El gendarme me miró fuerte como diciendo "no me desautorices". Me callé y esperé mi turno para bajar. Pero fue tan fuerte la presión de (algunos de) los burgueses del coche cama, que una gendarme mujer le dice bajito al gendarme hombre: "che, no podemos hacerlos bajar a todos" (onda "los forros de abajo nos van a hacer la vida imposible"). A lo que el gendarme hombre le contesta "bueno, pero por lo menos hacemos bajar a la mitad" Y así fue, hicieron bajar a todos los pasajeros que estaban de la mitad hasta el fondo del coche. Y yo quedé sentada en mi asiento nomás. También escuché que se decían "si no está acá, lo descartaron en el baño". Revisaron todo lo que se pudo.

El celular no apareció.

El coche siguió su marcha.

Entre sueños escucho que alguien hacía pis. Pensé "debe ser el pequeño demonio que tomó mucha agua yendo y viniendo por el pasillo, y ahora está haciendo pis en cualquier lado"

Vuelvo a despertarme. Ya estábamos en La Plata. Cuando reúno mi bolso de mano y otras cosas que llevaba para bajar del micro y así finalizar este viaje de mierda, veo que debajo de mi asiento había un charco... de pis, de orina, de meo... un olor inconfundible, una textura infinitamente reconocible... El pequeño demonio que yo había escuchado mear, lo había hecho en el pasillo al lado mío, y por gravedad el meo se había metido debajo de mi asiento, mojando todas mis cosas, incluida una pintura hecha por mi mamá que me estaba trayendo a casa, la cartera con mis documentos, etc... todo meado.

Bajo y le digo al chofer:

Ayelén: "Che, no te quiero sumar un quilombito más, pero el nene ése que gritó todo el viaje, me meó todas las cosas"
Chofer: "Uy, pero con eso no puedo hacer nada yo, decíle al padre, que está ahí, yo lo vi"
Ayelén: "Sí, pero ¿sabés que pasa? Al padre no le quiero decir nada, se lo querría decir al nene mismo, pero como estoy tan caliente le voy a gritar y se me va a armar un lío terrible por gritarle a un niño. Te lo digo a vos para descargarme nomás, ya fue, mis cosas ya están todas mojadas, ya está... Igualmente te agradezco y te felicito por el tema del robo, por haber recurrido a gendarmería, porque al menos cosas así no quedan tan impunes y la gente lo piensa dos veces antes de robarse algo en un micro"
Chofer: (amargado) Sí, pero al final no sirvió de nada, no lo encontramos. Tendrían que haber bajado todos, pero la gente se quejaba tanto que...
Ayelén: (tipo madre consoladora) Bueno, se hizo lo que se pudo. Igual estuvieron bien.
Chofer: Y vos andá y decile al padre. Y sino bueno, como quieras (...) Si querés el padre debe de estar por ahí. Ese nene debe ser el hijo del que se robó el celular"

Lean como quieran. Les tiro la mía: ese nene se comportaba así, tan marginalmente, por vivir justamente bajo una experiencia marginalizante. Cualquiera que lo haya escuchado como yo, hubiese identificado en sus gritos y en su comportamiento la problemática típica del marginado social, del "chico border" del "caído de la tabla". ¿Y marginado por quién? Por la gente de abajo, la del coche cama. Ésa gente que sólo vive para sí misma, y que hasta parece gozar pisoteando a "los negros de mierda". Y en el medio la maestra, el gendarme, la militante que quiere cambiar algo...

Creo que si seguimos con estas lógicas, estamos fritos. Vamos compañeros, a no aflojar, que falta tanto...

No hay comentarios:

Publicar un comentario